Hace 135 años abría sus puertas el Museo Histórico Nacional
Mediante sus tareas de conservación, investigación y exhibición de objetos, piezas de arte y documentos históricos, así como de actividades culturales y educativas, el organismo mantiene vigente su invitación para recorrer la historia de la Argentina.
El Museo Histórico Nacional está ubicado en el barrio de San Telmo, en el lugar donde Pedro de Mendoza habría fundado Buenos Aires. La antigua casa que lo alberga fue construida a principios del siglo XIX, pero esa no fue su primera sede ni el Museo se llamó así en sus inicios.
A lo largo de los años, distintos investigadores se dieron a la tarea de reconstruir la historia de este Museo que se encarga de contar la historia argentina. Durante cada periodo, la manera de interpretar la historia fue cambiando, producto de los factores políticos, culturales, educativos e historiográficos específicos, propios de cada coyuntura y de cada época.
En la actualidad, a través de las tareas de conservación, investigación y exhibición de objetos, piezas de arte y documentos históricos, así como de actividades culturales y educativas, el Museo mantiene vigente su invitación para recorrer la historia de la Argentina.

Un poco de su historia
El Museo Histórico se creó inicialmente como “Museo Histórico de la Capital” porque su primer patrocinador fue la Intendencia de Buenos Aires. En ese entonces, predominaban colecciones de historia natural. En 1889, el intendente Francisco Seeber decretó la conformación de una “comisión de notables” para que crearan un proyecto destinado a resguardar los objetos representativos de la Revolución de Mayo y las Guerras de la Independencia. De esta manera, un año más tarde se designa a Adolfo Pedro Carranza (1857-1914) como director del primer “Museo Histórico” que se organizaba en el país.

La primera sede del Museo fue en un local céntrico, muy pequeño, en la calle Esmeralda. El contacto personal de Carranza con coleccionistas, familias patricias, políticos, militares y funcionarios diversos le permitió recolectar gran cantidad de piezas en poco tiempo. Estas ingresaron como donaciones, préstamos o traslado desde oficinas públicas e instituciones eclesiásticas. En varios casos, los donantes aclaraban que se trataba de “recuerdos de familia” que, por su importancia para la historia de la nación, consideraban que debían conservarse en el Museo Histórico.

Primeras piezas
La inauguración oficial del Museo fue el 30 de agosto de 1890. El grueso de la colección patrimonial estaba estructurado en torno a una suerte de “panteón de héroes”, ya que en la época la clave de la historia era ubicada en las acciones de grandes figuras individuales. Las primeras piezas incorporadas fueron la llamada Tarja de Potosí, una gran joya que las damas potosinas le regalaron a Manuel Belgrano, y dos medallas conmemorativas de las Batallas de Tucumán (1812) y Salta (1813).

Otra pieza que ayudó a conocer cómo se estructuraba el Museo en sus inicios fue el primer catálogo de 1890, una suerte de folleto con un listado inconcluso de casi 300 existencias distribuidas en seis salas sin denominación específica. Este documento indica el período que abarcaba la colección en formación: desde el Virreinato del Río de la Plata –pasando por la Revolución de Mayo y el proceso independentista, las llamadas “guerras civiles, caudillos, época de Rosas–, hasta la denominada “Guerra del Paraguay” (1864-1870). Las representaciones de los hombres públicos que contaban con mayor cantidad de piezas eran José de San Martín, Simón Bolívar, Juan Lavalle y Manuel Dorrego.

En 1897 el Museo se trasladó a la que sería su sede definitiva en Parque Lezama, pero antes atravesó dos mudanzas: a comienzos de 1891 se mudó a calle Moreno 330 y a mediados de 1893 usó un edificio emplazado en lo que es hoy el Jardín Botánico. Mientras se iba consolidando su identidad, el organismo comenzó a depender del Ministerio del Interior y consolidó así la legitimidad necesaria para recolectar, conservar y exhibir las “glorias de la nación”, dispersas a lo largo y ancho del territorio.
El Museo comenzó a modelar su perfil sanmartiniano. En 1897 ingresaron el sable corvo usado por San Martín durante la Guerra de la Independencia y legado a Juan Manuel de Rosas, y el mobiliario de la habitación del Libertador en el exilio en Europa, ofrecido por su nieta Josefa Balcarce en 1899.

Carranza dirigió el Museo durante veinticinco años, hasta su muerte en 1914. Organizó la estructura primigenia y modeló el perfil de una institución que reflejaba los debates políticos, culturales e historiográficos de fines del siglo XIX y principios del XX, sobre los orígenes de la nación. De ahí la denominación “Museo Histórico Nacional”, cuando el adjetivo “nacional” exaltaba la ruptura con lo colonial.
El Museo Histórico Nacional puede visitarse de miércoles a domingo, de 11 a 18:50 h, en Defensa 1600 (CABA).

Fuente: Una historia del Museo Histórico Nacional 1889-2023. Avances de investigación, investigación realizada por los especialistas Élida Blasco, Carolina Carman y Leandro Lacquaniti, en colaboración de las distintas áreas del Museo Histórico Nacional.