
Hacia 1822, el norte de la villa de Nuestra Señora del Rosario de Paraná, era una zona marginal, habitada por mulatos libertos. Por iniciativa de la máxima autoridad religiosa de la villa, el sacerdote Antolín Gil y Obligado, y con el consentimiento del jefe político, Lucio Mansilla, se decidió levantar allí una capilla. La piedra fundamental se colocó el 14 de mayo de 1822, y la construcción se realizó con aportes del Gobierno y donaciones.
La capilla se puso bajo la advocación de San Miguel, del que era devota la feligresía paranaense. Es la construcción de carácter religioso más antigua de Entre Ríos que ha llegado a nuestros días, y desde el punto de vista arquitectónico, representa el primer esbozo de lenguaje neoclásico en el Litoral, con una planta y un alzado muy originales para su época. La capilla ostenta un volumen principal aproximadamente cúbico, de alrededor de siete metros de lado, cubierto por una cúpula hemisférica coronada por una linterna y apoyada sobre pechinas que producen la transición desde la planta cuadrada al tambor cilíndrico de poca altura; el acceso se produce a través de una puerta, única pieza de la carpintería originaria que se conserva.
El cuerpo principal lleva adosados dos volúmenes menores, con accesos independientes desde el exterior y conectados al recinto principal a través de su eje transversal. A partir de 1836 se iniciaron las obras de un nuevo templo, pero por las interrupciones en su construcción, la capilla continuó librada al culto hasta fines de la década de 1860; finalmente, la capilla quedó subordinada al nuevo templo de estilo neogótico toscano. Durante ese período se realizó una intervención importante en el interior, con la estética italianizante en boga, que explica el llamativo contraste entre el austero exterior y la rica decoración interna.
Ubicación:
Provincia: Entre Ríos
Ciudad: Paraná
Dirección: Buenos Aires Nº 428
Declaratoria: Decreto N° 1.296/2000
Categoría: Monumento histórico nacional